Si estás aquí es porque has notado un bulto, muy doloroso y caliente cerca del ano. Pues puede que se trate del temido absceso perianal.
¿Pero de qué se trata? ¿Porqué se produce? Y lo más importante de todo ¿Tiene cura?
Pues estate atento porque hoy en la consulta de Juan hablaremos del absceso anal.
¿Qué es un Absceso Anal?
Pues como imaginarás el absceso anal es una infección de los tejidos blandos de la región del ano y recto. Esta infección se produce porque las glándulas anales, que se encargan de segregar una sustancia grasienta que ayuda a lubricar la salida de las heces, se obstruyen y esta grasa se acumula en su interior. Formando un caldo de cultivo perfecto para las bacterias, que están esperando para darse un festín.
La mayoría de estas infecciones son causadas por varias bacterias a la vez, siendo las más frecuentes el Eschericcia coli y el Proteus vulgaris entre otras.
Aunque también pueden causarse por otros procesos como la enfermedad de Crohn, enfermedades de transmisión sexual, tumores o traumatismos por objetos extraños.
Pero déjame decirte que hay ciertas condiciones que aumentan el riesgo a padecer un absceso anal como son la diabetes, el tabaquismo, el alcoholismo y la obesidad.
El caso es que cuando esta infección va a más, se puede producir el absceso, que es un acúmulo de material purulento que puede extenderse por distintas áreas de la región anal.
Pero ¿Qué síntomas va a dar un absceso anal?
Pues la clínica va a depender de dónde se localice el absceso.
El más frecuente de todos es el absceso perianal, que es el más superficial y produce dolor intenso en la zona del recto que empeora al defecar, al sentarse o al realizar esfuerzo y se puede acompañar de fiebre o malestar. Lo veremos como una masa fluctuante, caliente, roja y dolorosa a la palpación cerca del ano.

El siguiente en frecuencia es el absceso isquiorrectal, que es más profundo y se puede palpar y se ve como una zona más difusa y dolorosa al tacto en el glúteo.
Mucho menos frecuente tenemos al absceso interesfinteriano, que se encuentra profundo en el canal anal y lo notaremos al realizar un tacto rectal, como una masa fluctuante y dolorosa en el canal anal.
Y finalmente el más profundo, el absceso supraelevador, que aunque parezca extraño, puede producir síntomas miccionales como molestias al orinar, dificultad para orinar y dolor en la pelvis. Esto es debido a su localización profunda en el canal anal y cercana a la vejiga.
¿Cómo se diagnostica un absceso anal?
Como veréis el diagnostico en la mayoría de casos nos lo darán los síntomas y la exploración física. Pero es cierto que en ocasiones no podremos realizar el tacto rectal por el intenso dolor que produce.
En estos casos, si tenemos dudas y sobre todo en presencia de signos generales de infección, tenemos que pensar que podría tratarse de un absceso profundo y el cirujano puede considerar la necesidad de hacer una exploración mediante anestesia o una prueba de imagen como una TAC, una resonancia magnética o una ecografía endoanal.
Aunque también hay ciertas enfermedades que causan dolor anal agudo y que habrá que descartar como son la trombosis de una hemorroide o la fisura anal
Pero también será importante no confundir el absceso perianal con otros bultos en la zona como son el sinus pilonidal o los lipomas. El sinus pilonidal se trata de un quiste que contiene pelos y restos de piel y que se localiza en el pliegue entre ambos glúteos. Por otro lado los lipomas son un tipo de tumor benigno de células grasas y que suele estar rodeado por una cápsula. Si se sobreinfectan, estas dos entidades, pueden dar un bulto rojo, caliente y doloroso a la palpación que puede recordar al absceso anal.
¿Y cuál será el tratamiento de los abscesos anales?
Pues la mala noticia es que la mayoría de los abscesos van a necesitar de cirugía, en concreto del drenaje quirúrgico. Lo bueno es que se trata de una técnica sencilla que se puede hacer con anestesia local y que consiste en una incisión en la piel para vaciar el contenido purulento del absceso. En ocasiones te podrían dejar una gasa mechada, que consiste en una gasa fina que se introduce en el agujero del absceso. Esto se realiza para evitar que el absceso cierre en falso, es decir, que se cierre el orificio pero quede el hueco sin cerrar, aumentando el riesgo de que el absceso se vuelva a formar.
Pero esto no es todo, ya que los pacientes con fiebre, depresión del sistema inmune o diabetes, y aquellos con celulitis marcada también deben recibir antibióticos , siendo recomendado el ciprofloxacino en dosis de 500 mg IV cada 12 h combinado con metronidazol en dosis de 500 mg IV cada 8 h.
¿Y cómo evolucionan estos abscesos?
Pues lo cierto es que después de la incisión y el drenaje, alrededor de la mitad de los pacientes tendrán una buena evolución y no volverán tener otro absceso. Pero la mala noticia es que la otra mitad desarrollarán una fístula. Que se trata de un pequeño túnel que se origina desde el absceso, realiza su trayecto por el canal anal y termina en una abertura exterior cerca del ano.
Los síntomas que causará la fístula serán una supuración de material amarillento o rojizo por el orificio de salida cerca del canal anal, pudiendo dar enrojecimiento de la zona.
En las fístulas la cirugía es casi siempre necesaria y en muchos casos, si la fístula no es demasiado profunda, se puede realizar las fistulotomía. En caso de fístulas más profundas y que presenten trayectos fistulosos complejos que afecten a estructuras musculares, habrá que ser muy cuidadosos, ya que si se afectan los esfínteres, se puede producir una incontinencia fecal. Siendo esto, como os imaginaréis un drama para las personas que lo padecen.
Pero la complicación más grave es la Gangrena de Forunier, que es una situación muy grave que puede poner en peligro la vida de la persona que la padece. Suele afectar con más frecuencia a personas con depresión del sistema inmune o a personas con diabetes.
Y se trata de la propagación de la infección del absceso desde el periné a los tejidos blandos, normalmente por estreptococos del grupo A, desarrollando una fascitis necrotizante también llamada la «enfermedad devoradora de carne» . Esta infección se extiende por las fascias de los músculos y causa una rápida necrosis del tejido, con una grave afectación del estado general, que puede desencadenar en una infección generalizada o la muerte de la persona