SIBO: Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado

Llama mucho la atención el número de personas que acuden últimamente a la consulta  preguntando si podrían tener SIBO. Y si nos damos un paseo por las redes sociales o la prensa, vemos que está en boca de todos, con fotos de vientres hinchados y quejas de exceso de gases.

Parece un tema de actualidad ¿Pero qué es el SIBO? ¿Es preocupante? ¿Cómo saber si lo tengo?

Pues atentos a lo que viene porque hoy en la consulta de Juan hablaremos del SIBO.

¿Pero qué es el SIBO?

Pues las siglas SIBO vienen del ingles y quieren decir Sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado. Estas bacterias, provienen de la microbiota o flora buena, que está constituida por una serie de microorganismos que conviven con las células de nuestro cuerpo en simbiosis. En esta relación simbiótica nos ayudan a:

1. Sintentizar ciertas vitaminas.

2. Digerir nutrientes como los hidratos de carbono para facilitar su absorción.

3. Y a colaborar en la maduración del sistema inmune e impedir la proliferación de otras bacterias que nos causarían enfermedad, como la ya famosa Escherichia Coli.

Esta microbiota la podemos encontrar en muchas partes del organismo: piel, pulmones, genitales, pero se localiza en mayor cantidad en el sistema digestivo, en concreto en el intestino grueso.

Pero el problema surge cuando este equilibrio de simbiosis se ve alterado y se produce un desequilibrio en la microbiota normal, bien por la proliferación de un tipo de bacteria sobre otros, por su distribución en el organismo o por cambios en sus funciones.

¿Y el intestino delgado, para qué sirve?

Pues la función principal del intestino delgado es la absorber los nutrientes, vitaminas y agua y favorecer el tránsito del bolo digestivo hacia el intestino grueso mediante contracciones musculares llamadas peristaltismo.

Habitualmente, el intestino delgado, al contrario que el colon, contiene relativamente pocas bacterias. Este control antibacteriano se ve favorecido por:

  1. La acidez de los jugos digestivos segregados por el estómago, la vesícula biliar y el páncreas, que tiene propiedades antimicrobianas.
  2. La secreción de defensas locales, como la Ig A.
  3. El movimiento normal del intestino, que impide que las bacterias se asienten y
  4. La válvula ileocecal que actúa como barrera mecánica natural entre el intestino grueso y delgado, evitando el paso de bacterias. Cuando estos mecanismos fallan, se produce el sobrecrecimiento bacteriano, conocido por sus siglas en inglés SIBO. Es entonces cuando el intestino delgado es colonizado por un exceso de bacterias con propiedades invasivas que no se encuentran normalmente en él, causando todos los síntomas.

CAUSAS del SIBO ¿Pero cómo puede fallar estos mecanismos de defensa?

Principalmente podemos encontrar 4 formas: o bien no producimos suficientes jugos digestivos, o bien por problemas de movilidad del intestino, por alteraciones estructurales o por un sistema inmune insuficiente.

La disminución de la secreción de ácido, se produce por ejemplo en cirugías de reducción de estómago, ya que al quitar parte del estómago, hay menos células parietales que secreten ácidos gástricos o en la toma crónica de medicamentos como el omeprazol. Al segregar menos ácido gástrico, aumenta el pH lo que puede aumentar la multiplicación bacteriana.

Otra causa es la es la disminución del movimiento intestinal, que enlentece el avance de los nutrientes y la eliminación de las bacterias, ofreciéndoles un banquete para que proliferen. Este intestino enlentecido se da en enfermedades sistémicas como el Parkinson, la diabetes, la esclerosis múltiple o el hipotiroidismo entre otras. O también por cirugías de reducción de estómago, como el bypass gástrico, en el cual eliminan parte del estómago y lo unen con un tramo adelantado del intestino para que sólo se utilice una pequeña parte de este. El problema es que se altera el tránsito normal del intestino y volvemos a la fiesta de las bacterias.

Las alteraciones estructurales, como alteraciones de la válvula ileocecal, que en condiciones normales impide el paso de las heces del intestino grueso al delgado. Si esta compuerta deja de funcionar, pasarán las bacterias del colon a la parte distal del intestino delgado y se multiplicarán a sus anchas. O en el caso de la diverticulosis del intestino delgado, que debemos entenderla como sacos herniarios de la pared del intestino, en los que los restos de alimento y las bacterias se asientan y proliferan.

En el caso de las inmunodeficiencias, al tener un sistema inmune incompetente, la concentración de bacterias se descontrola y puede aparecer sobrecrecimiento.

Como vemos múltiples causas pueden llevarnos a padecer el SIBO y en ocasiones es difícil aislar una causa concreta.

¿Pero cuáles son los síntomas del SIBO?

Pues veréis, la mayoría síntomas que causa la proliferación bacteriana son:

La excesiva liberación de gases debida a la fermentación de los alimentos que causan las bacterias, sobretodo de azúcares como la fructosa y la galactosa. Este aumento de gases, produce distensión de los intestinos y aumento de las flatulencias, siendo los principales síntomas de este cuadro.

También se produce inflamación y daño de las células del intestino causadas por toxinas que liberan estos microorganismos, que puede causar malestar abdominal y diarrea acuosa crónica.

Y en casos de SIBO más severos, podemos ver cuadros de malabsorción de nutrientes, que pueden causar carencias de vitaminas o alteraciones en las deposiciones.

Como veis, son síntomas muy inespecíficos y que pueden estar causados por casi cualquier enfermedad digestiva como intolerancias digestivas, celiaquía o enfermedades inflamatorias intestinales. Por eso el SIBO nos pone un poquito complicado su diagnóstico.

¿Entonces, como llegamos a su diagnóstico?

Pues la sospecha de SIBO por los síntomas ES ESENCIAL, pero tendremos que hacer pruebas complementarias para confirmarlo.

De entre ellas, el cultivo de aspirado yeyunal estaba considerada la prueba más específica, pero esta siendo cada vez menos usada por tratarse de una prueba invasiva mediante endoscopia, con lo molestas que pueden llegar a ser, por el difícil cultivo de las bacterias y por el riesgo de contaminación de la muestra con bacterias procedentes de la boca.

La más utilizada es la prueba de aliento de hidrógeno y metano aspirado,  tras la ingesta de glucosa o lactulosa, ya que es más sencilla, económica y no invasiva.

Esta prueba se basa en que las células de nuestro cuerpo son incapaces de producir estos gases, por lo que si se detectan, quiere decir que son las bacterias las que lo están produciendo.

Tratamiento del SIBO

Como os imaginaréis, el tratamiento será con antibióticos. Estos deberán cubrir tanto a bacterias aerobias, es decir, aquellas a las que les gusta un ambiente rico en oxígeno, como a bacterias anaerobias, que crecen en ambientes pobres de oxígeno.

De todos los antibióticos, el más usado es la Rifaximina, que tiene una baja absorción intestinal, por lo que llega casi íntegro al intestino, y tiene buena actividad antibacteriana. Por si no fuera poco, ayuda a conservar la microbiota, aumentando el número de lactobacilos y bifidobacterias.

La parte negativa es que muuuuuchos alimentos tienen FODMAPs, como las frutas, carnes, lácteos y algunas verduras, por lo que se trata de una dieta MUY complicada y restrictiva y debemos acudir a un especialista en nutrición para hacerla. Al ser tan restrictiva se aconseja no seguirla más de 6-8 meses.

Es cierto que se han visto mejores resultados realizando la dieta baja en FODMAPs a la vez que el tratamiento antibiótico.

¿Y si es un problema de microbiota, los probióticos pueden ayudarnos?

No hay estudios que aconsejen el uso a la vez de antibiótico y probióticos, pero sí se usan como restablecedores de la flora bacteriana una vez terminado el tratamiento. 

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